El texto de esta entrada se escribió entre el 18 y el 27 de diciembre de 2011, siendo publicada el 13 de enero de 2012.
Llegamos a la altura del puente de la Trinidad. Mis amigos siguen hablando de mujeres.
Paseo de Santa Isabel y Puente de la Trinidad
- Recordadlo siempre, todas es todas - les interrumpo.
- te-de-ese pe-te-ese, no? - Me dice riéndose el francés, que ha aprendido perfectamente el lema.
- De verdad que no las entiendo, cuanto más intentas hacer las cosas bien peor se comportan. Joder, ¿qué necesidad hay?
- Sí, por eso hay que meterles caña y aprender a pasar de ellas si quieres conseguirlas.
Pero si yo paso de todas, el 99.99% de las mujeres me sobra. No logro comprender cómo los tíos son capaces de acostarse con casi cualquier tía, por no hablar de los períodos de sequía, en los que el filtro se les agranda tanto que por ahí podría pasar un trailer. Estoy harto de escuchar a los clásicos guarros decir que para que una mujer te haga caso tienes que pasar de ella ¿Pero estamos locos? Este comentario sólo puede provenir de un ser cuya meta sea conseguir acostarse con la chica de turno, porque por lo demás le importa más bien poco. Es decir, yo que necesito que la candidata cumpla una infinidad de requisitos, que no encuentro disfrute ni pasión si no es por medio de la atracción mutua, ¿voy encima a fingir una actitud que no demuestra lo que deseo ni lo que pienso? Si ella no quiere nada, pues no hay problema, pero al menos quiero salir derrotado siendo yo, porque realmente es así cuando logro disfrutar plenamente de alguien. Querer sin querer y sin querer, queriendo. Demostrar justamente lo contrario de lo que se siente, absurdez extrema.
No entiendo a las mujeres y mira que siempre se lo pongo muy, muy fácil, hablándolo todo desde el principio para que no haya malentendidos que nos lleven al enfado, al reproche, al distanciamiento... ¿Por qué habría que hacer las cosas mal? Uno de las grandes preocupaciones de las mujeres es la de poner en juego su reputación durante sus encuentros 'amorosos'. Pero en la difícil empresa de querer vencer a su propia naturaleza, la cagan todavía más. Primer ejemplo que se me viene a la mente: una mujer tiene ganas de sexo con un hombre al que apenas conoce. Pongamos la situación más sencilla para ambos: ninguno de los dos tiene pareja. Aquí, uno de los temores de la mujer será el de ser tachada, injustamente, de PUTA. Evidentemente, el disfrute sexual en tales circunstancias no debería conllevar crítica alguna. Otra cosa es, tanto para él como para ella, la elegancia con la que se lleve a cabo el proceso, aunque ésta es una cuestión de gustos. Sin embargo, intentando reducir el riesgo de crítica, ellas suelen introducir en la historia una innecesaria componente amorosa o una que, por lo menos, no deje entrever por su parte un simple interés carnal, cuando, obviamente, están en todo su derecho de tenerlo. Empiezan a vender el tema como una historia en la que hay sentimientos, afinidad, feeling,... Cuando realmente no hay motivos para hacerlo, aunque el miedo por ganarse mala fama les empuje a ello. Habrá hombres que se acostarán con la tía y adiós (ése era el 'acuerdo') pero habrá otros que, confundidos por las señales de la chica, desarrollarán un sentimiento por ella, se engancharán. He aquí el desaguisado. La mujer quería sexo, como el hombre (algo absolutamente natural) pero para no sentirse como una PUTA, decide edulcorarlo todo y darle un toque algo especial. El tío se ilusiona y la tía desbarata todo siguiendo uno de los siguientes caminos:
a) 'Me gustas mucho pero necesito estar sola'. Traducción: 'Has estado bien por un tiempo, pero eres el clásico hombre de transición, ese que sirve de eslabón entre los tíos que nos ponen a cien de verdad'.
b) Desaparece - altamente probable dadas las circunstancias -. No te cogerá el teléfono en días para finalmente resucitar y mandarte un sms del tipo: 'Ey, ¿qué haces? Esto es un no parar con mis amigas jejejejeje. Muaks, guapísimo'. En este caso, ya han desmontado el chiringuito cual vendedor de top manta: tirón y salida por patas con el género de tus sentimientos al hombro. Es un mensaje - postal. Sí amigo, te están escribiendo desde muy lejos, desde una encantadora aldea llamada Lapolla del Otro.
c) Te hacen quedar como un loco achacando a tus ilusiones creadas un origen esquizoide
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Ni que decir tiene que el caso de arriba puede ser protagonizado por un hombre en el papel de cabrón de turno.
Estas tres opciones pueden aplicarse, indistintamente, como respuesta a muchas otras situaciones. En el caso de Zamcam, ella eligió el comodín de la desaparición silenciosa. Mi manera de actuar ante tales circunstancias es siempre la misma. Para empezar, la tía pasa a convertirse para mi, sin duda, en la mayor hija de puta habida y por haber. Quizás esta conclusión no la saque de partida, por tener todavía fresco el falso reflejo de su personalidad; una personalidad que, generosa e ingenuamente, me he dedicado a enaltercer. A esta fase le sucederá la del odio, en la que se entremezclarán las ganas por verla con la confrontación de los motivos 'reales' - nunca te los ha dado ni te los dará - por los que concluyes a los que se debe su desaparición. Fase ésta que pasa a continuación a ser sustituida por la de asco. Un asco sin rencores, el mismo que te da la mierda pastosa que pisas por la calle y que te hace sentir sucio. Y para terminar, la fase de indiferencia, mi favorita; la de la liberación y la paz conmigo mismo. Tras un largo tiempo he alcanzado un veredicto, ya no hay dudas, esa persona ha caído en el olvido como consecuencia de sus actos. Porque mi indiferencia es real, como si esa persona no existiese. No esa falsa indiferencia con la que la gente pretende, paradójicamente, llamar la atención de la otra persona o, en el más absurdo todavía, pensar que dicho estado, en la distancia, generará unas ondas que llegarán a la casa de la persona que falsamente se pretende ignorar para que, de un salto a lo zombi y como si tuviese un resorte en el hojaldre, llame a tu casa a saber de ti y decirte que eres el hombre de su vida (¡oh, sí!). No. Cuando alcanzo la indiferencia hay paz. Los actos de la persona en cuestión habrán derribado las virtudes que, equivocadamente, le había atribuido. Así pues, al igual que llegué a meterla en mi corazón por sus cualidades, la saco de él al comprobar que, en verdad, no cumplía ninguna de ellas. Y, se puede entrar en él, pero una vez que se sale es para siempre.
Enlace a la Cuarta Parte
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