27 jul 2012

Las mujeres (Tercera parte): Alfa-Omega (1)

He de admitir que las reiteradas visitas que un lector anónimo de Málaga me ha hecho estos  dos últimos días me han empujado a terminar el texto que tenía previsto publicar. Alguien que ha clicado en prácticamente todas las entradas de mi blog debe de estar mal de la azotea,  y, como no quiero que esto acabe en una relación escritor-admirador como en Misery, he decidido adelantar un poco el 'trabajo' y perfilar todavía más mi retrato de las mujeres por medio de la visión que ellas tienen de nosotros. Si no fueras de Málaga no te temería, pero como veo que somos vecinos hay un cierto canguelo porque me puedas partir las piernas si este texto no resulta ser de tu agrado. Eso o eres de una asociación feminista malagueña experta en ver connotaciones machistas donde no las hay y me estás analizando cuidadosamente, engrosando tu demanda con frases sacadas de contexto. Por cierto, me alegra saber que mi blog se menciona en Facebook y recibo visitas desde ahí (guiño, guiño). Bueno, al lío y espero que te guste, loco de internet.

Aún no siendo imprescindibles para leer esta entrada, dejo las dos entregas anteriores por si alguien tuviera interés:


El macho omega encuentra en el macho alfa a su máximo enemigo a la vez que alter ego. Espejo en el que mirarse como proyección del superyo que oculta fantasiosamente tras las brumas de sus anhelos y aspiraciones.

Si el primero hace acopio de una serie de máximas inviolables - 'nunca se debe llamar a una mujer al día siguiente de haberla conocido!' - para lograr la perfección que le conduzca al éxito en el ámbito amatorio, el segundo se dedica a ignorarlas con mejores resultados que nuestro pobre protagonista y sin sufrir el más mínimo percance.

En bares o en discotecas, en la playa o en la montaña, en reuniones de amigos o de trabajo, el alfa suele convertirse en el centro de atención de todas las conversaciones aún sin proponérselo. Ya sea con el don de la palabra, cuando alcanza el grado de excelencia, o sin él, pudiéndose permitir el lujo de tener la boca cerrada, esta máquina del averno se dedica a dejar sin sustento al omega, raquítico y desesperado por llevarse un bocado con el que saciar sus necesidades sexuales y hasta afectivas. En tanto en cuanto sus comentarios no sean soeces en extremo y no emplee malas formas, el alfa puede asegurarse el caer en gracia a sus interlocutores; a los hombres por claudicación, al intuir el currículum del especimen que tienen delante, y a las hembras por irrigación, de sus partes bajas. Sus comentarios rara vez pasarán desapercibidos por muy simples que sean, aquellos mismos que de ser pronunciados por un omega serían dignos del paso de una planta rodadora a sus pies en el lugar de la acción. La intervención más sencilla por su parte recibirá una respuesta casi inmediata, más elaborada y con la creación de múltiples vías de escape por las que acceder a otras temáticas que no tienen otra intención que la de alargar la cháchara, para disfrute de sus pretendientas y futuros aprendices de las andanzas nocturnas y sexuales de su ahora nuevo ídolo.

Es el líder de la manada y su currículum merece el respeto y la admiración entre sus congéneres, situación opuesta a la que se da entre las féminas. Sin necesidad de ser brillante se gana las simpatías, risas y aprobación del resto de machos, símbolo de postración ante las hazañas de su líder y referente, en silencio, como las almorranas y sin terminar de reconocerlo, al que imitar en el campo de batalla. Los omega débiles de mente deberán cuidarse de no admirar o respetar en exceso a su alfa particular, con la intención de ser merecedores de su estima, corriendo el serio peligro de sufrir una castración en toda regla y de paso opositar al puesto de palmero, saltimbanqui y celestino, todo en uno, de compañía. Los hay que se conforman con oler la comida y no degustarla, cosas de la anorexia sexual que les sacia viendo a otros comer.

El concepto de hembra alfa, si es que su acuñación tiene sentido, difiere del de su homónimo masculino en la visión que uno y otro sexo tienen de las relaciones. No es más que un compendio de cualidades físicas superiores a ojos de los hombres, un estado al que puede llegarse por medio de 'actualizaciones del sistema', ya sean eventuales (flequillito puteril, maquillaje, vestidito de la secta textil española,...) o (cuasi)permanentes (goma2 pal pesho, gimnasio, bronceado...). Una hembra de cualidades físicas sobresalientes y visibles con independencia de su origen, natural o artificial. Simple como los hombres, el concepto de hembra alfa es puramente visual . En cambio, el macho alfa se rodea de un halo que vá más allá de lo perceptible y que muchas veces no encuentra justificación en su cualidades físicas.

Alfa se nace y no se hace. No es un status que se alcance por promoción, distinto es que dentro de ésta y las otras subespecies masculinas se pueda mejorar a nivel interno. El hacer ejercicio físico y 'mazarse' - del madrilense 'mazo', mucho- en el gimnasio llega a otorgar un plus de confianza innato a casi cualquier hombre - garantizado por un humilde servidor - lo que conduce a un aumento de las conquistas. Intentar ser más agradable e ingenioso, también. Sin embargo, erróneamente se tiende a pensar que se ha alcanzado la Tierra Prometida, se ha despertado del letargo al alfa momificado que llevamos dentro. No, todos habrán podido comprobar que frente a la más mínima duda o inseguridad esa realidad remachada cede y se desploma.  la falta de naturalidad por representar un papel que no nos corresponde pasa factura, desgasta; se baja la guardia y mostramos nuestra verdadera identidad, ésa que sin forzar, seduce a las féminas en el caso de los alfa. No se puede mantener la obra de teatro funcionando 24 horas ni hacer trabajar a una calabaza a modo de carroza full time. Porque ser alfa implica no tener que esforzarse, no necesitar de gimnasios ni de arengas a uno mismo para afrontar con más seguridad una conversación. Su sola presencia acciona el interruptor de la atracción animal en una mujer.

El alfa es un fenómeno de la naturaleza. Digno de estudio, deberían tomársele muestras fisiológicas que arrojaran luz sobre qué consiste realmente todo el tinglado del amor cuando, tal vez, otros machos no agraciados con semejante don pierdan el tiempo y malgasten fuerzas por intentar representar un rol que la naturaleza les ha negado desde la cuna.

El arrollador éxito del alfa no siempre será comprendido por sus subordinados. Llegará el momento en que sus gregarios, no por ello poniendo en duda su atractivo natural ni liderazgo, se cuestionarán la infalibilidad de su superior con un: '¿Vale, pero por qué liga tanto si no tiene nada?' Pregunta que, a su vez, merece ser contestada con el eslogan de cierta marca de compresas: 'A qué huele lo que no huele?'.

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5 jun 2012

Las mujeres (Segunda Parte): La burbuja inmobiliaria, el sugerente símil

Las mujeres (Primera Parte)

Érase un país llamado España en el que, hasta cierto tiempo, el acceso a una vivienda estaba al alcance de casi cualquier trabajador; llevaba sus años, sin duda, aunque su adquisición no había alcanzado las cotas quiméricas que ostenta hoy en día. La gente se lanzó a comprar sin criterio, inflando los precios hasta niveles irreales para ciertos tipos de ellas.

Paralelamente, un fenómeno de similares características se gestaba en el mercado español de la carne. Los hombres, inspirados por internet y la tv, que proclamaban el libertinaje enmascarándolo bajo la libertad individual, junto con su innato instinto sexual, se lanzaron a la búsqueda de féminas con las que cumplir sus fantasías. El 'ladrillo', directa o indirectamente, alimentó el bolsillo de los españoles y con ello, entre otras cosas, sus posibilidades de explorar con éxito territorios frecuentados por aquellas mujeres más proclives al flirteo y al juego amoroso. Salidas nocturnas, pubs, cine, cenas...facilitaban el poder contactar con ellas. Sin duda, de entre la amalgama de gente joven destacaba una nueva especie que nunca antes había existido en este país: el paleta con recursos.

El dudoso gusto de los hombres en estos menesteres tenía por objetivo saciar su curiosidad sexual sin reparar, en muchos casos, en la calidad de las candidatas. El número de demandantes que se sumaban al carro de la lascivia aumentaba vertiginosamente, crecimiento auspiciado en algunos casos por el desprestigio que marcaba a aquéllos que no se sometían a la nueva moda de fornicar con asiduidad. Dicho finamente, si no follabas eras un mierdas.

Los sitios a los que concurrían las hembras no pudieron asimilar la avalancha de jóvenes atraidos por las historias que los folladores pro u ocasionales de sus círculos íntimos les relataban y que les impelían a cruzar la frontera al mundo real para dejar atrás madrugadas de fin de semana en las que degradaban su vista intentando atisbar un chumino o una teta entre tanta emisión codificada. Los Neo de Pornomatrix eran capaces de descifrar ese caótico 'código' de líneas negras y grises que se entrecruzaban y visualizar toda una escena digna de las grandes producciones pornográficas que adquiría aquella mítica cadena llamada Canal +. Los 'tstststsststts', 'wowowowoow', 'tstststtststs' en los que se convertían los diálogos no eran problema puesto que, a qué hombre le importa el hilo argumental de este género?! También los había menos sibaritas y más prácticos que recorrían las cadenas locales en busca de porno más de andar por casa. A finales de los 90 y principios de la siguiente década (Cómo cojones se escribiría? 00? Parece una cerveza chunga...) aquéllas no estaban para despilfarrar y tiraban de material de los 80 y, a lo sumo, de principios de los 90 en los que el rasurado y la escenografía cuidadas brillaban por su ausencia. En fin, que me enrollo.  El resultado fue el mismo que en el caso del boom inmobiliario: muchos pretendientes para un mismo objetivo. Y, como ya se sabe, la disponibilidad y lo solicitado que se encuentre el producto están íntimamente relacionados con su valor final, entendiendo como tal lo que nos va a costar conseguirlo y no una cuantificación pura acorde a sus virtudes; hablando en plata, lo que viene siendo la sobrevaloración de las mujeres.

La catástrofe para el género masculino estaba servida, cuando aquéllas que en otra época se hubiesen conformado con tener un noviete fiel, o ni eso, una vida dedicada al punto de cruz hasta su último aliento, comenzaron a disponer de una lista de candidatos de la cual podían escogerlos a su antojo - maldita sea! -. Si antes una  vivienda (mujer) pequeña (poco agraciada), mal hecha (fea) y en un barrio de no mucha categoría (sin brillantez intelectual y hasta con poca educación) estaba casi regalada (regalada) ahora se vendía como una bicoca en la que su valor de mercado había aumentado considerablemente. La reacción en cadena hizo todavía más inaccesibles las viviendas de calidad superior. Minipisos para casi todos, y gracias.

Los encuentros sexuales hombre-mujer pasaron a convertirse en una desenfrenada carrera, en una lista llena de nombres que tachar y a los que someter a recuento y exposición cuales trofeos en futuras reuniones de amigos. Las conversaciones de hombres pueden discurrir por derroteros mucho más intelectuales que los del balompié pero, sin duda, aquéllas con tintes sexuales (o erótico-festivas, como se empeñan muchos en decir en los últimos tiempos) son las que aunan originalidad, intriga, humor y hasta socarronería. No nos engañemos, el distintivo de éxito de un hombre a ojos de otros se mide, en últimas instancias, en el terreno sexual. Habiendo abandonado la lucha cuerpo a cuerpo de otros tiempos blandiendo una espada, la batalla de los egos masculinos se dirime con el invisible florete de la actividad sexual. Sutil, sin querer hacer sangre, pero queriendo marcar el punto en el marcador global con el que poder un día decir con la boca abierta 'pero si follo más que tú, chaval!'. Tanta presión conduce siempre a la desesperación, a las prisas por follar, redundando este comportamiento en la problemática del egómetro femenino que se dispara más todavía.

Enlace a la Tercera Parte

8 may 2012

Las mujeres (Primera Parte)

El cuerpo me pide reordenar mis ideas, conformadas a lo largo de los años y de las experiencias vividas. No es ésta una celebración arrogante a mi supuesta madurez intelectual por haber cumplido los treinta; extraña coincidencia, sin embargo, el hacerlo justo ahora a tan significativa edad. El impulso irrefrenable por plasmar mi aprendizaje en este blog tiene por finalidad el constituir mi propio cuaderno de bitácora, al que acudir cuando vuelvan a asaltarme las recurrentes dudas que han hecho acto de presencia en mis relaciones con el sexo femenino. Al mismo tiempo, la considero una referencia muy válida para todos aquellos inexpertos en el asunto que buscan consejo para curarse en salud.

Espero que esto me sirva de una vez por todas para asumir tan absurda realidad y me permita aceptarla como una premisa de la que partir siempre ante eventuales encuentros con el sexo femenino. Una enseñanza con la que evitarme futuros malos tragos.

Resulta extraño, ya sea por mi carácter indeciso o por mi falta de confianza en mi mismo, siempre he tardado en tomar como verdad o ley lo que otros han hecho en tres o cuatro lecciones que les haya dado la vida en un asunto determinado. En este tema en concreto no iba a ser menos. Me cuesta hacer afirmaciones categóricas sobre la vida, en general, y sobre los comportamientos que atañen a cualquier colectivo, en particular. En definitiva, no me gustan las generalizaciones. Gran parte de ellas, a parte de su propia naturaleza irracional e injusta, suelen tener connotaciones negativas que restan posibilidades a la hora de relacionarse con los demás.

No obstante, la que voy a exponer a continuación es la única que he acabado aceptando ante los reiterados 'tropiezos' que he tenido con la misma jodida piedra. La postura que ahora defiendo no atenta contra la dignidad de las mujeres. 'Mi' TODAS PUTAS (TDS PTS de ahora en adelante) no conlleva el considerarlas como meros trozos de carne, al contrario, de ser así, tan simple dogma me simplificaría mucho la vida de ser yo un hombre que buscase únicamente el acostarse con ellas. Es decir, si mi única pretensión fuese sexual una regla tan favorable a este supuesto modo de pensar no debería haberme provocado los quebraderos de cabeza que he sufrido a lo largo de mi vida con las mujeres.

Esta afirmación tampoco me lleva a cuestionar sus capacidades y derechos, iguales a los de cualquier otra persona (me da vergüenza hasta tener que aclarlo). Desde que tengo uso de razón, no he hecho distinción alguna entre sexos. No me ha sido necesario aprender la 'consigna' de la igualdad entre géneros sino que desde la más tierna infancia la he asumido como algo natural, sin jamás plantearme siquiera la cuestión en sí. En otras palabras, sólo pretendo escanear a las mujeres desde la óptica de las relaciones y de mi propia experiencia.


El sexo y las mujeres: base 'científica'

De lo aprendido durante estos años destaco el saber que la mayoría de las mujeres, de partida, no quieren ser queridas sino deseadas; el deseo que nace del instinto carnal que despiertan en los hombres. Tienen la necesidad de satisfacer los impulsos primitivos de sus 'parejas', no tanto por hacer lo mismo con los suyos propios, sino por sentir que entre sus piernas el 'macho' está descargando toda su fuerza y adrenalina tras haber sucumbido al colorido plumaje de la fémina. Ella llena su ego y disfruta al saber que sus atributos - principalmente los físicos, por mucho que digan lo contrario - han provocado el delirio del hombre que ahora embiste resoplando entre sus piernas.

Mi visión particular no pretende constituir crítica alguna ante tal comportamiento. La pauta que tanto se repite entre ellas quizás sea una suerte de mecanismo del que se vale la naturaleza para asegurar nuestra perpetuación como especie. La pieza que encaja perfectamente con la conducta sexual masculina: el que tiene hambre y el que deja comer. Y, por supuesto, creo firmemente que encuentran placer en ello y que no se trata de un simple acto de anorgasmia vanidosa. Es decir, no estoy dando a entender una comparativa 'falsedad' vs 'espontáneidad' por parte de uno y otro sexo. A mi parecer, cada uno de ellos ha sido programado para encontrar el disfrute por distintas vías y, a priori, si ambos lo hacen respetando a la otra persona no lo considero malo en si mismo. Resulta muy curioso ver cómo la naturaleza ha dotado a ambos sexos de dos concepciones distintas del placer, aunque totalmente complementarias, para asegurarse nuestra supervivencia. Nosotros danzando al son de las pasiones, montando un tenderete de sentimientos para sentirnos especiales y todo ello no es otra cosa que la distracción de la que se sirve la naturaleza para acercarnos los unos a los otros, copular, reproducirnos y morir (hasta luego Lucas!). Es ésta una simple lectura pseudocientífica del fenómeno de la atracción sexual. Dejando claro que lo expuesto hace referencia a lo que teóricamente mueve a las mujeres en el seno de una atracción pura. Otra cosa son las innumerables combinaciones que se dan en la realidad en forma de folleteos, rolletes e incluso parejas en las que el acercamiento se produce por otros mecanismos y que, en mi opinión, ya constituyen una base endeble para el éxito de las mismas.

Es probable que su conducta orientada a satisfacer, inconscientemente, los deseos masculinos, sea un residuo del pasado en el que su subsistencia dependía directamente del sexo opuesto. El deseo del hombre por poseerlas era el reconocimiento oficial a sus virtudes físicas, que se recompensaban a base de protección - en el sentido más amplio de la palabra -. Hoy en día sentirse deseada tiene un trasfondo en el que se mezclan lo sexual y lo material de manera indisoluble, es el supuesto triunfo de la genética respecto al de las competidoras, es el saber que tienen un valor, a tasar por medio de los gastos asociados a futuras cenas, regalos, viajes,...lo que les dará una idea de hasta dónde puede llegar el macho por 'protegerlas' - guiño, guiño -. El paleolítico queda a la vuelta de la esquina.

Esto no imposibilita a las mujeres el llegar a querer a un hombre, aunque en los comienzos estoy completamente seguro de que su objetivo inicial no es precisamente ése, por mucho que se autoproclamen las abanderadas del amor.

Digamos que limpiando las relaciones actuales de charlas, viajes románticos, paseos, cenas con las familias,... en definitiva, todas las escenas cotidianas de una pareja, el esqueleto y sustento de toda relación tendrá que satisfacer, continuamente, la regla básica del deseo. Otra cosa es que, por varias circunstancias, la relación continue más allá de la defunción de la llama que la avivaba.

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13 ene 2012

Un domingo cualquiera: resaca de verdades (Cuarta parte)

El texto de esta entrada se escribió entre el 18 y el 27 de diciembre de 2011, siendo publicada el 13 de enero de 2012.



Cofradía del Cristo de la Buena Muerte

Habiendo dejado atrás la Cofradía del Cristo de la Buena Muerte, me despido de mis amigos a la altura de ciertos grandes almacenes que en Málaga rozan el estatus de monumento, ante la falta de ellos en la ciudad. Esperando a que el semáforo se ponga en verde, veo acercarse un coche que termina por detenerse, apurando la frenada, delante del paso de peatones. Luz verde, puedo pasar. Lo hago con la cabeza agachada, sintiendo la mirada de los ocupantes del coche, como si pudiesen leer de mi mente las reflexiones que he hecho durante la caminata. Termino de atravesar la avenida y me dirijo a la entrada de la estación de tren que queda al lado del mastodóntico otrora edificio de Correos.


Edificio de Correos

Toca pagar el billete de vuelta, 2,20 euros. 'Menudo sablazo, mamones', murmullo. Rebusco en mi carterilla y me pasa lo de siempre, 2,10 en monedas y un billete de 20 euros. No queda otra que usarlo y recoger la chatarra que me va a devolver la máquina. Aprovecho para ir al servicio de la estación antes de que salga el próximo tren. Me miro al espejo y me encuentro feo y pálido. '¿Cómo coño te van a querer con esta cara?'. Escucho el tren llegar. Aunque tarda unos minutos en salir, me gusta montarme en él y acomodarme en uno de sus asientos.

Ya sentado, abro el móvil para distraerme toqueteando botones al azar. Caigo en 'Agenda' y una fuerza me impulsa a bajar hasta encontrarla: Zamcam. Me da un vuelco el corazón. 'Has resucitado de entre los muertos, maldita'. Zamcam sin ser Zamcam. Las letras de su nombre dibujan su mirada, su seña de identidad. Pulso y me aparece un teléfono: 655...... 'No, no eres tú. Por supuesto, ¿cómo ibas a serlo?'. Tengo que ser fuerte y sacar la pala con la que enterrarla definitivamente. El enterramiento como símbolo del obligado olvido. Otra vez enterrando a alguien a quien quiero, un gesto de dignidad ante un público inexistente que me aclama que lo haga. La medicina para mi recuperación anímica.

Tititititititi. Las puertas del tren se cierran. Apoyo mi cabeza en el respaldo, dejando mi cuerpo sin fuerzas, totalmente derrotado. Ladeando la cabeza y apoyando la mejilla izquierda contra el hombro, alzo la mirada. Miro mi reflejo en el cristal del tren y me pierdo pensando en las innumerables asociaciones que durante estos meses he ido haciendo a su persona. El rosa no volverá a ser un color cualquiera. Granada, ciudad en la que viví las últimas esperanzas, será siempre la capital de su recuerdo. Su coche negro, presente en todas partes, sembrará en mí la curiosidad por ver si es ella quien se esconde tras el volante. El rosa y el dorado que tiñen la Feria de Málaga se fundirán en el horizonte de sus hombros. El calor agobiante paliado por agua vaporizada me evocará su piel. Y el Día de los Fuegos será el de su renacimiento oficial en mi memoria. Y así con muchas más cosas, como si desde siempre hubiese estado presente en mi vida. Me muerdo el labio inferior por dentro, con la boca cerrada, intentando contrarrestar la amargura. Cierro los ojos con pesar, dejándome llevar por un falso sueño que me aisle de mis pensamientos.

'Next stop, Benalmádena' grita la megafonía del tren. Mágicamente me despierto, in extremis, de la inesperada cabezada. Bajo del tren y paso por los torniquetes, empujándolos como si me hubiese dejado el alma en aquel vagón. Abandono la estación y enfilo la cuesta que conduce a mi casa, sintiéndome defraudado, como si cada vez que saliese esperase la casualidad de mi vida, la más grande; aquélla que me hiciese olvidar mis desdichas. Aquélla que me proporcionase por arte de magia las cosas que deseo, nada del otro mundo, y que siempre he pensado que merezco. Me quito la chaqueta de cuero de imitación y la camisa. De nuevo calabaza. Me meto en la cama y suspiro al tiempo que susurro: 'tengo que borrarla'. Reminiscencias de la Feria de Málaga se convierten en banda sonora de este momento: 'Ojalá no te hubiera conocido nunca' Otra noche de absurdas ilusiones ha terminado, 'mañana' será un nuevo día y puede que me levante a darle vueltas a todo lo que he pensado, lo descodifique y , ¿por qué no?, lo plasme en una nueva entrada...

Un domingo cualquiera : resaca de verdades (Tercera parte)

El texto de esta entrada se escribió entre el 18 y el 27 de diciembre de 2011, siendo publicada el 13 de enero de 2012.


Llegamos a la altura del puente de la Trinidad. Mis amigos siguen hablando de mujeres.


Paseo de Santa Isabel y Puente de la Trinidad


- Recordadlo siempre, todas es todas - les interrumpo.
- te-de-ese pe-te-ese, no? - Me dice riéndose el francés, que ha aprendido perfectamente el lema.
- De verdad que no las entiendo, cuanto más intentas hacer las cosas bien peor se comportan. Joder, ¿qué necesidad hay?
- Sí, por eso hay que meterles caña y aprender a pasar de ellas si quieres conseguirlas.

Pero si yo paso de todas, el 99.99% de las mujeres me sobra. No logro comprender cómo los tíos son capaces de acostarse con casi cualquier tía, por no hablar de los períodos de sequía, en los que el filtro se les agranda tanto que por ahí podría pasar un trailer. Estoy harto de escuchar a los clásicos guarros decir que para que una mujer te haga caso tienes que pasar de ella ¿Pero estamos locos? Este comentario sólo puede provenir de un ser cuya meta sea conseguir acostarse con la chica de turno, porque por lo demás le importa más bien poco. Es decir, yo que necesito que la candidata cumpla una infinidad de requisitos, que no encuentro disfrute ni pasión si no es por medio de la atracción mutua, ¿voy encima a fingir una actitud que no demuestra lo que deseo ni lo que pienso? Si ella no quiere nada, pues no hay problema, pero al menos quiero salir derrotado siendo yo, porque realmente es así cuando logro disfrutar plenamente de alguien. Querer sin querer y sin querer, queriendo. Demostrar justamente lo contrario de lo que se siente, absurdez extrema.

No entiendo a las mujeres y mira que siempre se lo pongo muy, muy fácil, hablándolo todo desde el principio para que no haya malentendidos que nos lleven al enfado, al reproche, al distanciamiento... ¿Por qué habría que hacer las cosas mal? Uno de las grandes preocupaciones de las mujeres es la de poner en juego su reputación durante sus encuentros 'amorosos'. Pero en la difícil empresa de querer vencer a su propia naturaleza, la cagan todavía más. Primer ejemplo que se me viene a la mente: una mujer tiene ganas de sexo con un hombre al que apenas conoce. Pongamos la situación más sencilla para ambos: ninguno de los dos tiene pareja. Aquí, uno de los temores de la mujer será el de ser tachada, injustamente, de PUTA. Evidentemente, el disfrute sexual en tales circunstancias no debería conllevar crítica alguna. Otra cosa es, tanto para él como para ella, la elegancia con la que se lleve a cabo el proceso, aunque ésta es una cuestión de gustos. Sin embargo, intentando reducir el riesgo de crítica, ellas suelen introducir en la historia una innecesaria componente amorosa o una que, por lo menos, no deje entrever por su parte un simple interés carnal, cuando, obviamente, están en todo su derecho de tenerlo. Empiezan a vender el tema como una historia en la que hay sentimientos, afinidad, feeling,... Cuando realmente no hay motivos para hacerlo, aunque el miedo por ganarse mala fama les empuje a ello. Habrá hombres que se acostarán con la tía y adiós (ése era el 'acuerdo') pero habrá otros que, confundidos por las señales de la chica, desarrollarán un sentimiento por ella, se engancharán. He aquí el desaguisado. La mujer quería sexo, como el hombre (algo absolutamente natural) pero para no sentirse como una PUTA, decide edulcorarlo todo y darle un toque algo especial. El tío se ilusiona y la tía desbarata todo siguiendo uno de los siguientes caminos:

a) 'Me gustas mucho pero necesito estar sola'. Traducción: 'Has estado bien por un tiempo, pero eres el clásico hombre de transición, ese que sirve de eslabón entre los tíos que nos ponen a cien de verdad'.
b) Desaparece - altamente probable dadas las circunstancias -. No te cogerá el teléfono en días para finalmente resucitar y mandarte un sms del tipo: 'Ey, ¿qué haces? Esto es un no parar con mis amigas jejejejeje. Muaks, guapísimo'. En este caso, ya han desmontado el chiringuito cual vendedor de top manta: tirón y salida por patas con el género de tus sentimientos al hombro. Es un mensaje - postal. Sí amigo, te están escribiendo desde muy lejos, desde una encantadora aldea llamada Lapolla del Otro.
c) Te hacen quedar como un loco achacando a tus ilusiones creadas un origen esquizoide
.
Ni que decir tiene que el caso de arriba puede ser protagonizado por un hombre en el papel de cabrón de turno.

Estas tres opciones pueden aplicarse, indistintamente, como respuesta a muchas otras situaciones. En el caso de Zamcam, ella eligió el comodín de la desaparición silenciosa. Mi manera de actuar ante tales circunstancias es siempre la misma. Para empezar, la tía pasa a convertirse para mi, sin duda, en la mayor hija de puta habida y por haber. Quizás esta conclusión no la saque de partida, por tener todavía fresco el falso reflejo de su personalidad; una personalidad que, generosa e ingenuamente, me he dedicado a enaltercer. A esta fase le sucederá la del odio, en la que se entremezclarán las ganas por verla con la confrontación de los motivos 'reales' - nunca te los ha dado ni te los dará - por los que concluyes a los que se debe su desaparición. Fase ésta que pasa a continuación a ser sustituida por la de asco. Un asco sin rencores, el mismo que te da la mierda pastosa que pisas por la calle y que te hace sentir sucio. Y para terminar, la fase de indiferencia, mi favorita; la de la liberación y la paz conmigo mismo. Tras un largo tiempo he alcanzado un veredicto, ya no hay dudas, esa persona ha caído en el olvido como consecuencia de sus actos. Porque mi indiferencia es real, como si esa persona no existiese. No esa falsa indiferencia con la que la gente pretende, paradójicamente, llamar la atención de la otra persona o, en el más absurdo todavía, pensar que dicho estado, en la distancia, generará unas ondas que llegarán a la casa de la persona que falsamente se pretende ignorar para que, de un salto a lo zombi y como si tuviese un resorte en el hojaldre, llame a tu casa a saber de ti y decirte que eres el hombre de su vida (¡oh, sí!). No. Cuando alcanzo la indiferencia hay paz. Los actos de la persona en cuestión habrán derribado las virtudes que, equivocadamente, le había atribuido. Así pues, al igual que llegué a meterla en mi corazón por sus cualidades, la saco de él al comprobar que, en verdad, no cumplía ninguna de ellas. Y, se puede entrar en él, pero una vez que se sale es para siempre.

Enlace a la Cuarta Parte

12 ene 2012

Un domingo cualquiera : resaca de verdades (Segunda parte)

El texto de esta entrada se escribió entre el 18 y el 27 de diciembre de 2011, siendo publicada el 12 de enero de 2012.


- ¿Y tú qué, llegaste a hablar con la otra? - añado para reengancharme a la conversación, sin dejar de lado mis divagaciones. Tanto es así que sigo recto, por inercia, en el cruce de calles en el que nos encontramos, a la salida de la Calle de los Mártires. Mis amigos me hacen un gesto sincronizado con sus cabezas, como diciendo 'por ahí no, por la derecha'. Rectifico mi trayectoria y los alcanzo. Estamos en Calle Compañía.


Calle Compañía

- ¿Pero qué otra, la del grupo de tres del London?' - me responde .

Esta calle es más abierta que las anteriores, la humedad y el frío se notan todavía más así que,sin sacar las manos de los bolsillos, tengo el acto reflejo de juntar las piernas. El gesto deja claro que estoy 'pelao'. Precediendo mi respuesta de un escalofrío, para terminar de entrar en calor, le digo:

- Sí...esa...la de ese grupo. Ya no sabía lo que le había preguntado ni con que intención, puesto que en ningún momento había abandonado mi estado de abstracción.
- ¿Esa? Era simpática pero ...

Sin darme cuenta devuelvo la conexión a mi debate interno. Ya no oigo lo que me dicen, el sistema de navegación está listo para llevarme, como el sonámbulo al que guía la Providencia, a la estación de tren.

Y todos estos pensamientos por su culpa. 19 días y quinientas noches ... Mi 'noche' empieza ahora, así que todo correcto señor Sabina, tenía usted razón. No he podido cumplir todas las medidas que planteé para ayudarme a olvidarla. Cierto es que borré su número de móvil, sus sms, su Facebook ...aún así no pude hacer lo propio con el jodido Messenger, probablemente porque, de manera inconsciente, supuse que sería el medio más fácil por el que se podría poner en contacto conmigo. Ya se sabe, hablar y hacer el paripé por ese medio no cuesta tanto. Aún de haberla borrado, no la hubiese olvidado tan fácilmente ¿Cómo podría haberlo hecho? Zamcam apareció una noche de verano, una de ésas en las que no esperas nada de la vida... era perfecto. Qué lejos queda todo ya. Se ha convertido en algo abstracto y concreto a la vez, un punto en el sistema de coordenadas de mi memoria. Un inabordable problema matemático sin solución: la conjetura de Zamcam.

Todo bien planteado, todo hecho de maneral natural. Dos personas que parecen ser exigentes y que se gustan al mismo tiempo y ni aún así salió bien. No había ningún desfase entre la actitud de uno y otro y eso hizo que la cosa se desplazase, en principio, como lo hace una barca en un mar en calma, dulcemente, sin dudas. Joder, me gustabas sin fisuras. Me autoimpuse no intentar nada contigo para no sufrir, para no tener que llegar a odiarte y, así, conformarme como mínimo con verte otra vez con el tiempo. No, tú me diste razones para creer, para asomar mi cabeza fuera del caparazón, para que, finalmente, cambiases en la distancia y desaparecieses. Maldita, como diría Jeremy Irons en 'Lolita', tu eras mi 'redención', ésa que de un plumazo borra tus sinsabores pasados y te llena de la justa satisfacción que supone haber encontrado lo que siempre habías querido. No querer verme y decir que yo me equivocaba es de auténtica hija de puta, pero al menos hubieses quedado como una señora si me hubieses dicho la verdad, una actitud acorde con el tipo de persona que pensaba que eras: franca y sincera, la que no tiene nada que esconder. '¿Yo no sé qué tipo de tías conoces tú?' Evidentemente, las que se te asemejan, pero menos sofisticadas en el arte de quedar bien y la mentira. Chapó, una nueva generación de mujeres que podría romper los esquemas de tíos tan exigentes como yo.

Enlace a la Tercera Parte

11 ene 2012

Un domingo cualquiera : resaca de verdades (Primera parte)

El texto de esta entrada se escribió entre el 18 y el 27 de diciembre de 2011, siendo publicada el 11 de enero de 2012.

La una pasada. Me acabo de despertar pero no pienso moverme de la cama. Los domingos son el Día del Señor para unos y jornada de reflexión para otros. Sumergido en el nórdico, dejo asomar sólo los ojos, perdidos en la 'infinidad' de la pared de mi cuarto, pantalla de proyección de mis pensamientos. ¿De qué me sirvió salir ayer? Recorro mentalmente cada una de las discotecas que visité, las cosas que hice y cómo acabé haciendo el mismo camino de vuelta al tren, como cada fin de semana.

- Bueno, ¿nos vamos? Yo ya estoy algo cansado - digo.

Abandonamos el último lugar visitado, nuestra última parada siempre que salimos y a la que solemos acudir religiosamente en torno a las 4 de la mañana. Estamos en la puerta del pub, porque eso no merece llamarse discoteca, ni lo pretende. De calle Comedias, donde nos encontramos, a la Alameda, donde cojo el tren, hay un trecho importante. Empezamos a andar. Joder, hasta en Málaga hace frío en invierno a las 5-6 de la mañana. El resultado de las expediciones nocturnas por el centro de Málaga, al menos en el sector masculino, se mide en estos momentos, cuando el nivel de silencio del grupo dictamina la productividad de la jornada. Nuestro buen humor dice que ha estado bastante bien.


Calle de las Comedias

- Tío, ¿sabes cómo se llamaba la que me ha dado el número de teléfono? - pregunto .
- ¿Cómo? - replican mis dos amigos acompañando su interés de una sonrisa de complicidad.
- Zamcam - respondo mirando al que estaba algo al tanto de la historia - No, pero espera, ¿a que no sabes de qué trabaja?
- No - me contesta el francés, casi riéndose.
- M-a-e-s-t-r-a. Sí, sí. Ahí, haciendo daño.
- Jajajaja.
- Puf, me cago en su puta madre...

Pasamos al lado de la Iglesia de los Mártires, donde los 'acabaos' de cierta discoteca se sientan cabizbajos meditando sobre sus borracheras; con el mal de conciencia asomando por saber que, mientras sus padres duermen, ellos invierten el dinero en acabar potándolo en algún callejón malagueño - Sí, Málaga Capital Europea de la Cultura y tal y tal-.


Iglesia de los Mártires

- Pues estaba muy bien la tía, eh, me ha pedido el Messenger. - contraataca el francés.
- Claro, tío, molaba - intervengo para que se quede más tranquilo. Mentira, era un orco. Cuando uno está reventado y pensando en sus cosas pone el piloto automático de las respuestas cortas en ON y el sentido arácnido hace el resto: ¡sí, soltar frases coherentes a oídos de tu interlocutor aunque no te estés enterando de una mierda!

El frío me despierta de la sedación que supone una noche de juerga, me da dos tortas y me reinicia en modo 'cómete la olla, gilipollas'. No sólo eso, también tiene la propiedad de acentuar en mí la sensación de fracaso y devolverme a la realidad de mis miserias cotidianas. No debería haberla mencionado ni en broma.

Pensando en ella, se me agolparon en la cabeza varias cuestiones. 'Las personas vienen y van sin mirar atrás. Entran en tu vida, hacen aflorar en ti sentimientos y desaparecen con ellos con total impunidad', pienso. '¿Cómo puede la gente tener esa facilidad para desprenderse de aquél que un tiempo fue su amigo, su pareja, el germen de una posible relación ...?' No dejo de darle vueltas a que la mayoría no tiene ningún apego por nadie. Albergan en su interior espacios destinados al 'Amor' y a la 'Amistad' que necesitan llenar a toda costa. No les importa tanto la calidad como la cantidad, pecando muchas veces de un diogenismo sentimental con el que pretenden parecerse al resto de sus congéneres. Lo han conseguido. Bajando el listón de sus más profundos deseos tienen 'pareja' y amigos como cualquier persona normal. La falta de honestidad consigo mismos acaba cobrándose por víctimas a aquéllos que los rodean: mentiras, hipocresía, deslealtad, juego sucio, desprecio y desaparición. En su propio error de no saber elegir lo que realmente quieren, acaban castigando a los demás. Esa extraña lucha del ser humano por no tomar su propio camino. Ese pavor por estar haciendo algo que se sale de lo convencionalmente establecido.

Si el tarro que antes ocupaba la despensa del 'Amor', sobra, directamente se tira. Sin mirar atrás. Sin afecto ¿Por qué? ¿Acaso su afán por encontrar a alguien que llene cualquiera de aquellos cubículos les hace aceptarlos fácilmente, y tan fácil como son aceptados son rechazados? Busque, compare y si encuentra algo mejor, quédeselo. Gente de usar y tirar. No lo entiendo y nunca lo entenderé. Siempre me ha costado un mundo que me caiga bien alguien como para hacerme su amigo. Repito, a-m-i-g-o, que no contacto del Facebook. Soy honesto conmigo mismo para serlo también con los demás. No engaño, no me engaño. En el caso de las relaciones sentimentales, la cuestión se complica todavía más. La chica en cuestión tendrá que ser física y mentalmente atractiva; de mente abierta a otras culturas y otras ideas; justa; coherente; con un humor extraño, aquél desarrollado por observación de las pequeñas cosas, las debilidades de uno mismo y las de los demás. Capaz de entretejer las tan inevitables como necesarias conversaciones banales con el sabio hilo de la inteligencia de sus emociones. En definitiva, una chica a la que poder contemplar con admiración. Y con una mirada humana, muy humana ('sensilla', 'sinsera', que diría el frikazo de Salvador Raya) que transmita debilidad, que no flaqueza. Una señal de stop a aquéllas que van por ahí con una mirada cuasi robótica y que no sugieren nada. Luego, de cumplirse mis más estrictas premisas, ¿cómo iba a olvidarme de estas personas? ¿cómo iba a prescindir de su presencia en mi vida de la noche a la mañana?

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