He de admitir que las reiteradas visitas que un lector anónimo de Málaga me ha hecho estos dos últimos días me han empujado a terminar el texto que tenía previsto publicar. Alguien que ha clicado en prácticamente todas las entradas de mi blog debe de estar mal de la azotea, y, como no quiero que esto acabe en una relación escritor-admirador como en Misery, he decidido adelantar un poco el 'trabajo' y perfilar todavía más mi retrato de las mujeres por medio de la visión que ellas tienen de nosotros. Si no fueras de Málaga no te temería, pero como veo que somos vecinos hay un cierto canguelo porque me puedas partir las piernas si este texto no resulta ser de tu agrado. Eso o eres de una asociación feminista malagueña experta en ver connotaciones machistas donde no las hay y me estás analizando cuidadosamente, engrosando tu demanda con frases sacadas de contexto. Por cierto, me alegra saber que mi blog se menciona en Facebook y recibo visitas desde ahí (guiño, guiño). Bueno, al lío y espero que te guste, loco de internet.
Aún no siendo imprescindibles para leer esta entrada, dejo las dos entregas anteriores por si alguien tuviera interés:
El macho omega encuentra en el macho alfa a su máximo enemigo a la vez que alter ego. Espejo en el que mirarse como proyección del superyo que oculta fantasiosamente tras las brumas de sus anhelos y aspiraciones.
Si el primero hace acopio de una serie de máximas inviolables - 'nunca se debe llamar a una mujer al día siguiente de haberla conocido!' - para lograr la perfección que le conduzca al éxito en el ámbito amatorio, el segundo se dedica a ignorarlas con mejores resultados que nuestro pobre protagonista y sin sufrir el más mínimo percance.
En bares o en discotecas, en la playa o en la montaña, en reuniones de amigos o de trabajo, el alfa suele convertirse en el centro de atención de todas las conversaciones aún sin proponérselo. Ya sea con el don de la palabra, cuando alcanza el grado de excelencia, o sin él, pudiéndose permitir el lujo de tener la boca cerrada, esta máquina del averno se dedica a dejar sin sustento al omega, raquítico y desesperado por llevarse un bocado con el que saciar sus necesidades sexuales y hasta afectivas. En tanto en cuanto sus comentarios no sean soeces en extremo y no emplee malas formas, el alfa puede asegurarse el caer en gracia a sus interlocutores; a los hombres por claudicación, al intuir el currículum del especimen que tienen delante, y a las hembras por irrigación, de sus partes bajas. Sus comentarios rara vez pasarán desapercibidos por muy simples que sean, aquellos mismos que de ser pronunciados por un omega serían dignos del paso de una planta rodadora a sus pies en el lugar de la acción. La intervención más sencilla por su parte recibirá una respuesta casi inmediata, más elaborada y con la creación de múltiples vías de escape por las que acceder a otras temáticas que no tienen otra intención que la de alargar la cháchara, para disfrute de sus pretendientas y futuros aprendices de las andanzas nocturnas y sexuales de su ahora nuevo ídolo.
Es el líder de la manada y su currículum merece el respeto y la admiración entre sus congéneres, situación opuesta a la que se da entre las féminas. Sin necesidad de ser brillante se gana las simpatías, risas y aprobación del resto de machos, símbolo de postración ante las hazañas de su líder y referente, en silencio, como las almorranas y sin terminar de reconocerlo, al que imitar en el campo de batalla. Los omega débiles de mente deberán cuidarse de no admirar o respetar en exceso a su alfa particular, con la intención de ser merecedores de su estima, corriendo el serio peligro de sufrir una castración en toda regla y de paso opositar al puesto de palmero, saltimbanqui y celestino, todo en uno, de compañía. Los hay que se conforman con oler la comida y no degustarla, cosas de la anorexia sexual que les sacia viendo a otros comer.
El concepto de hembra alfa, si es que su acuñación tiene sentido, difiere del de su homónimo masculino en la visión que uno y otro sexo tienen de las relaciones. No es más que un compendio de cualidades físicas superiores a ojos de los hombres, un estado al que puede llegarse por medio de 'actualizaciones del sistema', ya sean eventuales (flequillito puteril, maquillaje, vestidito de la secta textil española,...) o (cuasi)permanentes (goma2 pal pesho, gimnasio, bronceado...). Una hembra de cualidades físicas sobresalientes y visibles con independencia de su origen, natural o artificial. Simple como los hombres, el concepto de hembra alfa es puramente visual . En cambio, el macho alfa se rodea de un halo que vá más allá de lo perceptible y que muchas veces no encuentra justificación en su cualidades físicas.
Alfa se nace y no se hace. No es un status que se alcance por promoción, distinto es que dentro de ésta y las otras subespecies masculinas se pueda mejorar a nivel interno. El hacer ejercicio físico y 'mazarse' - del madrilense 'mazo', mucho- en el gimnasio llega a otorgar un plus de confianza innato a casi cualquier hombre - garantizado por un humilde servidor - lo que conduce a un aumento de las conquistas. Intentar ser más agradable e ingenioso, también. Sin embargo, erróneamente se tiende a pensar que se ha alcanzado la Tierra Prometida, se ha despertado del letargo al alfa momificado que llevamos dentro. No, todos habrán podido comprobar que frente a la más mínima duda o inseguridad esa realidad remachada cede y se desploma. la falta de naturalidad por representar un papel que no nos corresponde pasa factura, desgasta; se baja la guardia y mostramos nuestra verdadera identidad, ésa que sin forzar, seduce a las féminas en el caso de los alfa. No se puede mantener la obra de teatro funcionando 24 horas ni hacer trabajar a una calabaza a modo de carroza full time. Porque ser alfa implica no tener que esforzarse, no necesitar de gimnasios ni de arengas a uno mismo para afrontar con más seguridad una conversación. Su sola presencia acciona el interruptor de la atracción animal en una mujer.
El alfa es un fenómeno de la naturaleza. Digno de estudio, deberían tomársele muestras fisiológicas que arrojaran luz sobre qué consiste realmente todo el tinglado del amor cuando, tal vez, otros machos no agraciados con semejante don pierdan el tiempo y malgasten fuerzas por intentar representar un rol que la naturaleza les ha negado desde la cuna.
El arrollador éxito del alfa no siempre será comprendido por sus subordinados. Llegará el momento en que sus gregarios, no por ello poniendo en duda su atractivo natural ni liderazgo, se cuestionarán la infalibilidad de su superior con un: '¿Vale, pero por qué liga tanto si no tiene nada?' Pregunta que, a su vez, merece ser contestada con el eslogan de cierta marca de compresas: 'A qué huele lo que no huele?'.
Enlace a la Cuarta Parte
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Interesante reflexión, pero creo, como mujer, que quienes dan tanta importancia al rol de los machos alfa son los demás machos. Tal vez salirse de los alfabetos y las etiquetas ayude a los demás machos a tener algo de autoestima, a dejar de tratar de emular a los hombres con complejo de starlets.¿No crees?
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